Cada regresión es una aventura involvidable.
Esta fue diferente a todas las demás…
Mas y mas me doy cuenta que se va armando un método diferente. Las personas que vienen llegando me obligan a tener que desarrollar la creatividad y la imaginación de maneras insospechadas.
Como habrán visto en el video del último programa de SemillasEstelares.com.ar (la misión) si miramos para atrás en la historia personal, muchas son las respuestas que nos están esperando respecto de nuestra vida.
Este ha sido uno de esos casos.

Tikún en escorpio, viniendo de tauro. Trabajando el poder, el control, la independencia, el soltar el ego.
Como ya vieron en otras regresiones, el tikun tauro tiene mucho que ver con reconocernos como antena y canal. Esta vez tocó el tikún opuesto. Es obvio que sabe que es antena. El tema es poder SOLTAR la antena que es sin intentar controlar qué transmite.
El tema de escorpio es el poder, el control, el querer dominar y controlar todo.

Comenzó la regresión normalmente.
No podía salir de las imágenes del principio. Pies metidos en la arena, el océano yendo y viniendo mojando los pies enterrados, fija, inmóvil, sin poder moverse (como una antena).
Nos podríamos haber quedado ahí eternamente. Como buena antena aferrada a la tierra en la cual ha sido instalada.
Pero teníamos que movernos.
Intenté dejar la antena instalada ahí (de la conversación del principio para mi estaba muy claro que era una antena. Sólo faltaba hacerlo conciente) y movernos con la conciencia. Así lo hicimos. Nos fuimos moviendo hacia una puerta que había entre las rocas acantiladas del océano. Nos fuimos moviendo. Entramos en la oscuridad de la caverna. En otra dimensión. En un sin espacio ni tiempo. Hasta encontrarnos con una fuerza que nos detuvo y nos separó. De un lado, la persona envuelta en una membrana como si fuera una célula. La fuerza. Del otro lado o afuera, otra dimensión.
La persona tenía que poder atravesar esa fuerza.
Se movía hacia la derecha como tratando de salir de la membrana.
Como queriendo nacer al otro estado de conciencia.
Forcejeando, moviéndose, esforzándose.
Hasta que pudo entrar en la fuerza, como gelatinosa que le permitió atravesala y nacer, nacerse, darse a luz, en otro dimensión. Atravesarse.
Restos de membrana fueron quedando y se iban a ir diluyendo con el tiempo.
Su renacer le dio una forma vertical, como si fuera humana, andrógina alta, muy alta. Vestida con una ropa de fibra blanco perlada que la cubría toda.
Se iba elevando, subiendo.
Llegó hasta un mundo como derrumbado. No podía entender qué había pasado.
Un Ser la vino a recibir. Vestido de túnica. Una forma vertical. Que se paró enfrente suyo.
Y se fundió con el ser que estaba ya siendo conectando el infinito, con el centro de la tierra.
¿La misión? Traer la energía del Cielo a la Tierra.

Ahí empezó a llorar, con angustia.
Como queriendo entender y controlar el tipo de energía que se supone tiene que pasar por la antena.
Como si la función fuera dirigir esa energía.
Como si tuviera que saber focalizar esa energía hacia algún lugar.

¡No!
La idea es correrse de ahí para dejar pasar la energía del Cielo lo más pura que se pueda.
Ser, ahí donde la vida te plante (o te instale).
Antenizar y canalizar la energía que has sido construida para traer.
Cada uno a su forma. Cada uno en su manera única y particular.

Lloraba por la carga de la responsabilidad.
Por la falta de entendimiento del mundo.
Por la necesidad de tener que reconstruir sobre las ruinas la unión del Cielo y la Tierra.

Paradójicamente la persona trabaja cosiendo ropa para Chanel.

Todo está ahí.
Solo hace falta tener ojos para poder ver.
Pero no alcanza con ojos físicos… porque la energía no se ve.

Lo esencial es invisible a los ojos… Antoine de Saint Expurery

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