Estoy harta!
Debo confesarlo.

Llegamos a Santa Fe con el vecino. Estamos haciendo de a dos regresiones por día.
Los 3 primeros fueron una familia.
Hermosos todos ellos, pero trabajando para redefinir el concepto de familia que traen de su mundo.
El hijo, un hermoso ser de esos que son catalogados de «raros» en este mundo.
Los humanos son raros, me decían en una sesión en España… Pero esos humanos raros son los que etiquetan a los visitantes de «raros» o de «locos». ESte es el mundo del revés.
El joven de 24 años es un walk in luchando contra el mundo reptil.
Ni siquiera me permiten compartir la sesión.
Pero así estaba cuando le pedí al vecino que me ayude con la sesión para entender qué estamos haciendo acá en Santa FE. Tampoco puedo compartir esa información.
Forma parte del trabajo que estoy haciendo «undercover».
Aunque llega un momento que me harto.

De esta historia en Santa Fe, pasamos al taller de mandalas.
El sábado a la mañana antes del taller que vine a hacer a Santa Fe, participamos de otro taller. Uno creado y conducido por una hermosa mujer de Galves. Pintando mandalas. Nunca había hecho un taller así.
La profe, una escorpiana maravillosa nos dió la consigna: a usar la mano no dominante para hacer la tarea. Y ahí estaba yo pintando con la mano izquierda.
El taller comienza con una meditación.
En la meditación pude ver el dibujo que quería pintar. No tenía nada que ver con lo que venía pensando dibujar. Pero ahí estaba yo, pensando en cómo podría pintar lo que acaba de ver en mi mente.
Mientra tanto, el vecino también estaba luchando sus luchas en esta realidad. Terminó peor que yo porque ni siquiera pudo ir al taller que vine a dar a Santa Fe desde el principio por el dolor de espalda con el que quedó.

Te decía, terminamos la meditación, tomé los colores y los pinceles y empecé a pintar.
No soy buena pintando con la mano derecha, imaginate con la mano izquierda, una improvisación atroz.

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Me salió lo que puede sacar de lo que había visto.
Quería poner el violeta en el medio pero no pude encontrar el color adecuado, cuando lo quise arreglar, fue peor.
Se me armó un violeta arreptiliado horrible.
Y no me quedó mas que poner un puntito negro adentro.
Cuando lo ví me di cuenta… era un reptil.
Un ojo reptil mirando desde adentro de mi dibujo.
Me tienen harta.

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La profe nos hizo seguir con el ejercicio.
Había que escribir unas cositas, luego poner una palabra al lado, y luego armar una frase.
Resulta que esto es lo que quedó:

Dios es su infinito amor comunica su movimiento elevando nuestra visión conectando nuestra pasión a nuestro corazón con nuestra visión para darnos una nueva mirada que a través del Sol baje luz a nuestras creaciones en unión con El.

El tema es que la palabra dios estaba asociada en mi dibujo al color negro.
De ahí saqué la conclusión de que ese dios al que me refería era el dios que estaba mirando desde adentro de mi dibujo, es decir un dios reptil.

Y en definitiva eso es lo que es este mundo.
Un mundo ilusorio que responde a un dios reptil que me mira desde ese agujero.

Vengo buscando las mil y una formas de deshacerme de ellos y sus estructuras.
Pero no importa lo que haga, me siguen mirando desde ahí.

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2 Responses

  1. Si, Claudia nos siguen mirando y observando des alli, por eso, en mi entender, es mejor no luchar contra ellos, sino aceptar y agradecerles, por y para que puedan descansar y dejarnos hacer lo mismo. Gracias por permitirme comentar <3 a <3

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