Ustedes y yo sabemos que veo lo que no se ve. Y lo lamento mucho, pero no puedo dejar de verlo.
Voy a contarles un caso de la vida real.

Un hombre casado y con hijos vive en un matrimonio en el cual se siente totalmente excluido.
Su esposa forma parte de un clan muy fuerte del cual es muchas veces expulsado inconcientemente (ninguneado, diríamos acá).
Finalmente se agota de esa situación y se divorcia.
En el mientras tanto conoce a una mujer y comienza una relación.
No hay formas claras de decir cuando una relación de 14 años se termina. Tampoco hay formas claras de decir cuando una relación comienza. Pero los humanos ponemos fechas exactas para poder festejar.
Lo único que conocemos son las acciones que se expresan en esta realidad.
Cuando la relación comienza el clan ¡estalla!
Y por supuesto, denigran al hombre porque le cuelgan el título de vaya uno a saber qué y la culpa de todos los males del planeta viene a ser de esa mujer oportunista que apareció para quedarse con el dinero del hombre y destruir una familia.
Bue…
Los únicos que entienden todo son los niños, porque lo hacen desde el corazón.
Los niños, a pesar del condicionamiento y lavado de cerebro del clan comienzan a llevarse con la otra mujer (pasará algo de tiempo hasta que pase a ser la novia de papá y la mamastra).

Al principio la relación es compleja para todos, pero gradualmente y gracias al caracter de la otra mujer y el gran corazón de los niños, las cosas comienzan a fluir amorosamente para todos. Menos para el clan. Obvio.
Las energías entre el clan y la otra mujer comienzan a oscurecerse y pasan cosas energéticas extrañas que no vale la pena mencionar. Pero que las hay, las hay.
La relación entre los niños y la mamastra se integra… Y todos felices y contentos, en la nueva familia ensamblada.
Todo se mantiene dividido entre las familias.
La otra mujer es excluida de todo festejo familiar, como si fuera el mismísimo demonio.
El hombre no se da cuenta de nada.
Los niños comentan… todo bien mientras no te acerques a la abuela…
La mamá de los niños tiene nueva pareja. El hombre (de casi la misma edad que su padre – el de la madre) es recibido y aceptado en el clan.
Hasta acá todos felices y contentos.

Pero un día llega el cumple de 18 del hijo mas grande.
La madre con su clan organiza el festejo, que incluye a su nueva pareja, obvio!
Nadie le dice nada al padre, pero éste está acostumbrado a la ninguneada.
El hijo le pregunta a la mamastra si va a venir… y ella, insensible a la situación solo pregunta donde va a ser el festejo y como es en la casa del clan le dice que no.
Hasta acá el «todos contentos y tranquilos», continua.

Pero la mamastra reflexiona sobre lo que está pasando.
Decir que no es sostener el desequilibrio.
El que tiene conciencia tiene responsabilidad sobre el que no la tiene. Y por eso se plantea la situación.
18 años es el inicio de la mayoría de edad y es el principio de la conciencia de libre albedrío.
No es cualquier fiestita, no es algo sin importancia.
Decir que no es dejar que su compañero vaya solo y seguir aceptando la exclusión del padre que tiene derecho a tener una compañera y ésta deber ser respetada, como debe ser respetado el padre. Pero antes se ninguneaba al padre, ahora se sostiene la división de la nueva pareja propiciada por la no aceptación del clan.
Decir que no es seguir enseñandoles a los niños que se puede expulsar a alquien solo porque es diferente.
Es propiciar que los niños no puedan ser libres de expresar lo que sienten (con la mamastra) solo porque el clan no lo acepta.
Y es mostrarles que pueden y deben hacer lo mismo por lealtad al clan, sintiendo culpa si son diferentes.

La puta madre, ¿cómo no lo ven?

Entonces la mamastra dice ¡Voy!
No porque quiera, no porque le guste, no porque lo vaya a disfrutar, sino porque es lo que hay que hacer.
Si, para traer equilibrio está decidida a enfrentarse cara a cara con la caza de brujas, 5 años mas tarde de iniciada la relación.

El padre le manda un mensaje al hijo diciendo «voy con ella, ¿esta bien?»
El hijo responde con un emoticón de bue.. me lo banco…
Pero inmediatamente responde el otro hijo (el que no cumple los 18) diciendo: «no da»…
Y ella, le explica al mas grande que no se haga problema, que no va, para qué generar una situación así si luego pueden festejarlo juntos, fuera del clan…
Y también le dice al otro hijo… sos un cobarde, yo te hubiera defendido a muerte con sonrisita y todo… pero con dolor.

Ella, que siempre ha sido abandona y excluida, decide autoexcluirse para evitarle un mal momento al que cumple los años. Y a todos los demas. Da igual.
Esta acostumbrada a esto y hace lo que hay que hacer, metiéndose lo que siente en el orto.
Y lo hace porque está acostumbrada a hacerlo, aguantarse la exclusión para que los demas disfruten.
Y los demas se quedan ahí… observando la situación como si fuera natural, como si estuviera bien, como si no importara. El clan sigue sano y salvo.
Pero una exclusion NUNCA da igual.
Al hombre le costó un matrimonio y ahora no puede ver que sostiene la misma exclusión que atravesó él mismo.

En el mientras tanto, el resto de la familia de origen del padre va al cumple de 18 del sobrino y del nieto, por supuesto, la exclusión solo la alcanza a ella… creen…
La exclusión es una energía que cuando la dejas entrar lo tiñe todo de color gris humeado exclusión.

Y van coordinando en el whatsapp familiar (donde esta ella también) como se van a encontrar, y dónde están y comentan que la madre está esperando que lleguen para servir la comida para todos… y demás.

Ella abandona el whatsapp grupal familiar.

Todos se enojan con ella.

El hombre cuando llega a casa solo dice: no te perdiste de nada…

Cierto, cuando alguien es excluído, el excluido no se pierde de nada… los que se pierden de todo son los otros.
Pero el dolor queda…
El mismo dolor que cualquier de los involucrados sentiría si fuera excluido.

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